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13 octubre 2011 4 13 /10 /octubre /2011 15:28

 

ciudad de san sebastian

 

I ª GUERRA CARLISTA EN SAN SEBASTIÁN DONOSTIA

 

Desde su origen a la Batalla de Oriamendi

 

 

 

 

COMIENZA EL SITIO

  

            El 29 de Septiembre de 1833 moría Fernando VII, siendo San Sebastián la primera ciudad española en proclamar a su hija Isabel II como legítima heredera del trono. Este hecho aconteció incluso antes del primer levantamiento carlista que degeneró en la sangrienta guerra civil.

 

            La guerra no se hará sentir de manera directa en la ciudad hasta bien entrado el año de 1835. Tras los fracasos de las expediciones de las tropas de Isabel II al Valle de las Amézcoas, dirigida por el general Valdés con la intención de acabar con Zumalacárregui, toda Guipúzcoa, exceptuando San Sebastián cae  en manos de los defensores de Don Carlos como aspirante al trono. San Sebastián comienza a ser  asediada rápidamente.

 

            El 6 de diciembre de 1835 los carlistas toman posiciones en el cerro de San Bartolomé, promontorio que domina parte de la ciudad y todas sus comunicaciones a excepción de la marítima. El  general carlista Montenegro, amenaza con bombardear inmediatamente la ciudad dando un plazo de, únicamente,  dos horas para abrir sus puertas y rendir la guarnición. Mientras tanto, los sitiadores continúan  reforzando sus posiciones apoderándose del fuerte o casa fortificada de Arambarri,  cuya guarnición "fue pasada a degüello a vista de la plaza" según las crónicas de Baldomero Anabitarte. Aquí deberíamos hacer un pequeño esfuerzo y ponernos en la piel de nuestros antepasados. La sensación de miedo ante unos hechos sangrientos y crueles, la sensación de ruptura con la cotidianeidad de sus vidas, de sus negocios, de sus comodidades más básicas… el final del modo de vida que hasta ahora habían conocido. Sólo los más entrados en años conocían los peligros a que se verían expuestos, ya que seguro que en su memoria no se habían borrado aún los dramáticos acontecimientos vividos 22 años atrás, durante la Guerra de la Independencia.

 

 img084.jpg 

 

Panorámica de San Sebastián en esos días. Según un grabado del cirujano de la Legión    Auxiliar Británica Henry Wilkinson.

 

VIVA ISABEL II

 

            La ciudad de San Sebastián fue la primera de España, como ya he señalado anteriormente, en levantar la bandera a favor de la futura reina Isabel II. Este hecho, junto al levantamiento, casi general, del resto de la provincia a favor del hermano del difunto rey, ocasiona un rápido y total, a excepción de la vía marítima, bloqueo de la población.

 

            El Rey Fernando VII falleció el 29 de Septiembre de 1833 a la tres menos cuarto de la tarde. El 2 de Octubre llega a la ciudad la noticia, de manos del Capitán General, gracias a una Real Orden que acababa de recibir. Desde el primer momento las autoridades municipales le participaron su total apoyo a la futura reina Isabel. La ciudad levantó en tan sólo dos días, a su costa, un Batallón de 300 voluntarios con su correspondiente número de oficiales, que recibió el nombre de Batallón de Isabel II,  mandado por D. Joaquín de Sagasti, teniente de fragata retirado. Ante los rumores constantes que venían del exterior y gracias al apoyo con que contó dentro de la ciudad con estos voluntarios, la escasa guarnición pudo salir al exterior con la seguridad de que la plaza no se iba a perder. Fue un movimiento espontáneo que no se arrendó ante las inquietantes noticias que llegaban, que indicaban un levantamiento general del reino a favor de Don Carlos. Este Batallón desempeñó dentro de la plaza todas las faenas que hasta ese momento eran exclusivas de la guarnición militar, ahora ausente por encontrarse patrullando en la provincia, e incluso una compañía de 100 voluntarios actuó, junto a las tropas regulares, en acciones desarrolladas en Hernani (17 Nov.), Ataun (14 Dic.), Amézqueta (15 Dic.) y Andoain. En virtud de la Real Orden de 12 de Enero de 1835, en que se declaró el estado de sitio en las provincias vascas, esta milicia urbana paso a estar bajo el mando del Capitán General.

 

            El 27 de Octubre de 1833, en la Plaza Nueva, actualmente conocida como Plaza de la Constitución, el Ayuntamiento junto a todas las autoridades civiles, eclesiásticas y militares, proclama públicamente ante la mayoría del vecindario, a Isabel II como reina legitima de España.

 

            Afortunadamente para los partidarios de la futura reina, también conocidos como “cristinos” o “liberales”, la ciudad de San Sebastián – Donostia es una plaza fuerte fronteriza, por lo que se encontraba fuertemente amurallada en el frente terrestre, a la vez que desarrolla todas sus actividades diarias al amparo de la fortaleza conocida como Castillo del la Mota, sito en el monte Urgull. Estas fortificaciones, a pesar de su antigüedad y dudosa efectividad ante un verdadero ejército de asedio, el castillo data de comienzos del segundo milenio y las murallas del siglo XVI, ocasionan que, a su amparo, la plaza cuente con una guarnición militar suficiente para defenderla en un primer momento, a cuya protección se encomiendan los vecinos partidarios de la joven reina.

 

            Inmediatamente es bloqueada por tierra, y comienzan las tropas carlistas obras militares de sitio a su alrededor, de manera que este se hiciera efectivo y total. Pero no debemos olvidar otro punto importante, como es el hecho de que se trata de una plaza con puerto marítimo, detalle que favorece la llegada de refuerzos y suministros procedentes de las ciudades aliadas.

 

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Puerto de San Sebastián (1836). Robert Batty

 

            Dentro de la ciudad y a costa de sus vecinos, se forman inmediatamente las compañías de voluntarios liberales, que eran denominadas “txapelgorris”, a consecuencia de llevar en sus cabezas una boina o “txapela” de color rojo. Las primeras tropas conocidas con ese nombre, parece ser que se formaron en las zonas próximas a Éibar, extendiéndose el apodo a todas las unidades de voluntarios liberales desplegadas y/o aparecidas por toda la geografía guipuzcoana. Las unidades de liberales voluntarios se caracterizaron por sus valientes actuaciones, que muchas veces rayaban en verdaderos actos suicidas, a ojos de los observadores internacionales, neutrales o no. Se trataba de unidades que albergaban en su interior ese odio que, lamentablemente, caracteriza a la mayoría de nuestras confrontaciones civiles. Son guerras fratricidas. Esto es motivado porque muchos de ellos procedían también de zonas rurales en las que el movimiento insurreccional había triunfado, motivo por el cual habían tenido que huir dejando detrás haciendas y familias. Por parte carlista, el odio hacia estas unidades enemigas era también enconado, no dando ninguna de las partes cuartel al enemigo vencido.

 

            Con estos antecedentes nos encontramos ante una de las características que van a marcar la contienda durante toda su historia. Esta guerra se caracterizara por la brutalidad, las matanzas de prisioneros y la guerra sin cuartel. No hay ningún tipo de miramiento con los prisioneros o con los convecinos que no opinan lo mismo que las facciones dominantes en ese momento sobre el terreno. La única excepción que podía salvar a un militar prisionero, ya sea oficial o tropa, era la posibilidad de un canje por  otros prisioneros, pero este detalle no se daba con la cotidianeidad que hubiera sido deseable.

 

 

INTERNACIONALIZACIÓN DEL CONFLICTO

 

            Los desmanes llegaron pronto a oídos del resto de naciones europeas, por lo que el gobierno tory de Gran Bretaña mandó con carácter de urgencia a una misión negociadora encabezada por Lord Elliot, cuyo objetivo era “humanizar”, vaya sarcasmo, en todo lo posible la guerra. Logró que se firmara en 1834 un tratado conocido como Tratado de Lord Elliot, en el que se decía que los prisioneros debían ser tratados como tales y canjeados por los que se encontrasen en el bando contrario. Pero este acuerdo sólo se aplicó a la zona vasco – navarra, ya que según refieren algunas fuentes partidarias de Don Carlos, los liberales se opusieron a que el resto de escenarios bélicos se vieran afectados por el tratado, a pesar de los deseos del propio general Zumalacárregui. Según las opiniones de los  partidarios carlistas, entre las que destacan las publicadas en sus memorias por el futuro general prusiano Von Goeben, entusiasta voluntario carlista, está en que el énfasis en acotar la aplicación del tratado al resto de la geografía nacional se debía a la seguridad en alcanzar una rápida victoria, que tenían los cristinos en esos territorios, hecho que no ocurría en la zona del actual territorio vasco – navarro. Pero, repito, se trata de opiniones muy partidistas que me limito a mencionar para el personal análisis del lector.

 

            El 22 de Abril de 1834 se firma la cuádruple alianza, formada por países europeos que simpatizaban abiertamente con la causa de la regente María Cristina a favor de su heredera, la futura Isabel II. Esta unión englobaba a Francia, Portugal y Gran Bretaña, quienes se pusieron inmediatamente a trabajar en el envío de cuerpos expedicionarios que luchasen a favor de la causa liberal. Así, llega la “Legión Portuguesa” a las ordenes del Barón Das Antas, formada por unos seis mil hombres. Francia envía su famosa “Legión Extranjera”, formada casi en su totalidad por tropas alemanas y argelinas, en número cercano a dieciséis batallones apoyados por varios escuadrones de caballería. Y finalmente llega al puerto de Santander la “Legión Auxiliar Británica”, que al mando del General George Lacy Evans llegó a disponer entre sus filas de no menos de dieciséis mil hombres, apoyados en ocasiones por tropas del ejército regular británico, más exactamente de la infantería de marina y de varios buques, a las ordenes de Lord Jonh Hay.

 

            Ante esta nueva intervención extranjera contra sus pretensiones hereditarias, el aspirante, proclamado por sus seguidores  como Carlos V, lanza una proclama en la que se pone de manifiesto que:

 

            “los cuerpos extranjeros que viniesen para sostener el dominio de la usurpación en la cuestión de la sucesión, que era cosa que atañía tan sólo a la nación española, quedaban excluidos de los beneficios del Tratado de Lord Elliot”.

 

            Esta proclama fue la desencadenante de nuevas matanzas entre las distintas facciones, ya que la falta de cuartel por parte de un bando originó la rápida y similar respuesta por parte del agraviado.

 

LLEGA LA LEGIÓN AUXILIAR BRITÁNICAUNIFORME DE LA LEGION

 

            La plaza de San Sebastián contaba con una guarnición muy reducida, por lo que para evitar que un punto tan importante cayese en manos carlistas, el general Córdova dispuso la llegada inmediata de la Legión Auxiliar Inglesa y de dos regimientos españoles, bajo el mando del general Evans. Estas tropas embarcaron en el puerto de Santander, operando conjuntamente desde este momento con las fuerzas regulares de la marina británica de lord John Hay.

 

            El 10 de Julio de 1835, exactamente a las nueve de la mañana, hacía su entrada en el puerto de San Sebastián un vapor inglés con el primer batallón de tropas auxiliares.

 

            Nada más tocar tierra el jefe de estas presentó un pliego del Teniente General Álava, embajador de España en Londres, y amigo personal de Lord Wellington al Ayuntamiento:

 

GENERAL ALAVA 2

Teniente General Álava

 

            “El primer batallón con 10.000 hombres sale mañana con destino a esa plaza, y dentro de cuatro días le seguirá el segundo, ambos de la misma fuerza de 500 hombres cada uno. El primero va mandado por el mayor Kerby.

 

            Recomiendo por el bien del servicio, que nada falte a esos cuerpos.

 

            Aquí se está levantando un cuerpo de 10.000 hombres y los oficiales encargados de esta operación, están ya en Irlanda, Escocia y los Condados Ingleses, activándola por todos los medios posibles. Los dos batallones no son quizá de la gente más brillante, pero se compone una buena parte, de soldados cumplidos y licenciados, de los Cuerpos de la Real Guardia.

 

            Es importante a los ojos de los rebeldes y de la Europa, de que se vean en la Península 10.000 uniforme encarnados, levantados con autorización de este gobierno.

 

            Ha sido preciso acelerar su salida para aprovechar también momentos favorables y los embarazos en que la muerte de Zumalacárregui, debe haber puesto al Pretendiente.

 

            Los Jefes son excelentes y pueden estar VS seguros de que observarán la más severa disciplina y no se mezclarán en cosa alguna que tenga relación con nuestra política, y sólo defender el trono de SM”.

 

            Londres 1º de Julio de 1835.

 

            P:D: El primer Batallón lo manda el Mayor Kirby; el segundo, el Mayor Ellis y ambos formarán la Brigada, bajo las ordenes del Brigadier Chichester.

 

            21 años después del saqueo e incendio de la ciudad a manos de las tropas británico - portuguesas que nos tenían que “liberar” del francés invasor, nuestras calles volvían a ser pisadas por casacas rojas. Los recelos no serán extraños en nuestros familiares, ya que muchas heridas no se pueden curar en tan poco espacio de tiempo, cuando el agravio es tan grande. Saquearon y destruyeron completamente nuestra ciudad. Ultrajaron, robaron, violaron y asesinaron a nuestros vecinos, y todo esto durante una semana entera, sin que ningún mando británico hiciese algo por detenerlo.

 

            A pesar de esto, el Ayuntamiento tarda solamente un día en contestar a Álava:

        

            V.E. conoce bien que este vecindario sólo ofrece en el día, la imagen de unas fortunas arruinadas por una larga serie de desgracias y por el influjo de un sistema prohibitivo, que paraliza y obstruye todas las fuentes de la riqueza pública. Y en sus virtudes cívicas fundan mis esperanzas de hallar medios para dejar airoso el empeño de VS en esta ocasión.

 

            Ignoro absolutamente lo que se haya estipulado con respecto a estos Cuerpos, porque ni yo ni ninguna otra autoridad, que yo sepa, ha recibido instrucción alguna sobre el particular, pero atento a llenar las necesidades más perentorias, uniré todos mis esfuerzos para que de nada carezcan y con todas las comodidades posibles en mi recinto, donde en el día, se acumulan su considerable población, con mucha tropa y considerable número de familias refugiadas dentro de sus muros y puedo asegurarle que el Batallón que llego ayer a este Puerto, está cómodamente acuartelado y los Jefes y oficiales, ocupan los mejores alojamientos en casas donde se posee el idioma inglés.

 

            Han sido recibidos nuestros auxiliares con solemnidad y júbilo universal por los habitantes de la Ciudad”.

 

 

DICIEMBRE de 1835. EMPIEZA LA LUCHA

 

            Los hechos previos al asedio de San Sebastián habían comenzado el 1 de Diciembre de 1835, y este sitio duró hasta la ruptura del mismo, ocurrida el 5 de mayo de 1836. Ese día 1 de Diciembre el General al mando de todas las tropas carlistas levantadas en armas en la provincia de Guipúzcoa, hace llegar de manera secreta, una carta al Gobernador de la Plaza de San Sebastián. En ella, el jefe carlista expresa su deseo de que se produzca un levantamiento en su interior a favor del pretendiente Don Carlos. Esta carta fue introducida por un platero llamado Aspiazu. La indignación que provocó, la consecuente acusación de traidor  y otras circunstancias concurrentes, desencadenaron el fusilamiento de este mensajero en la planicie de Santa Catalina.

 

            El 5 de Diciembre los carlistas ocupan por la noche el alto de San Bartolomé, desde donde pueden bombardear la ciudad. La situación se estaba haciendo desesperada, ya que el aislamiento de la misma duraba cuatro meses ya, teniendo que sustentarse toda la población civil natural de la ciudad, los refugiados que huían de la provincia y la numerosa guarnición dentro de los muros de la ciudad.

 

bloqueo de san sebastian

 

            Los acontecimientos se suceden, cada vez más amenazantes e intimidatorios. Una casa fortificada conocida como Fuerte Arambarri, como ya he mencionado anteriormente, punto exterior a la ciudad que ayudaba a su defensa, cae en manos de las tropas carlistas. Estos, sin compasión alguna y como clara amenaza y aviso de lo que puede pasar si los donostiarras no abren sus puertas, degüellan a toda la guarnición que había caído prisionera, ante los muros de la ciudad y de sus asustados moradores. La guarnición presenció los hechos sin hacer nada para intentar salvar a sus infortunados compañeros. Este lamentable detalle ocasionó una posterior investigación, con la consiguiente depuración de responsabilidades entre los mandos existentes en la plaza.

 

            El General carlista Joaquín Montenegro dirige una amenazadora carta al Presidente y personal de San Sebastián:

 

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CARTA-DE-MONTENEGRO-1.jpg 

 

            “Con esta misma hora y fecha digo al Gobernador de su Plaza lo siguiente; Estoy resuelto a bombardear esa Plaza, como general encargado de las Operaciones del Ejercito que se halla en estas inmediaciones. Vea V. si tiene que exponerme algún medio que evite las fatalidades que amenazan a ese pueblo, y en esta Casa recibiré en audiencia a un ayudante u oficial de esa guarnición, un individuo del Ayuntamiento y otro del Comercio, y esto en el preciso espacio de dos horas, que terminadas sin contestación por V, será la señal para dar principio activamente como he dicho.

 

                  Lo cual traslado a V. Con el mismo fin indico al jefe de esa guarnición. Dios guarde a V.

 

Campo de San Bartolomé, 6 de Diciembre de 1835 a las nueve de la mañana. Joaquín Montenegro”.

 

            Esta amenaza llega el mismo día que la ciudad ve como arde el puente de Santa Catalina, recientemente construido, que ni siquiera se encontraba terminado de pagar a la empresa constructora. Me gustaría, en este punto, pedir un esfuerzo a mi amable lector, y que juntos, intentemos meternos en la piel de uno de nuestros antepasados. Atrapado entre esos hacinados muros, con raciones cada vez más escasas, temeroso, asustado ante los futuros acontecimientos que ve irremisiblemente cerca, temeroso por él, por su familia, por todo….

 

            El Ayuntamiento no se digna contestarle, por lo que el primer bombardeo que sufrió la ciudad se produjo el 7 de Diciembre, con el lanzamiento de bombas del 36 y 24 pulgadas. Este ataque causó las primeras bajas civiles, ya que resultaron muertos D. Pedro Ardoz, a la sazón capitán de un buque mercante francés y una mujer de la que desconocemos su nombre.

 

            A las 8 de la mañana del 10 de Diciembre entraba en la bahía el vapor inglés “Phoenix”, con 106 artilleros y 200 infantes más de la Legión Auxiliar Británica bajo el mando de un Coronel. Primero se buscó su rápido acomodamiento, siendo elegida para este menester la Parroquia de San Vicente. Gracias a este refuerzo, tan solo tres días después de su llegada los carlistas cesan el fuego contra la ciudad.

 

            El año 1835 terminó de esta triste manera, con una ciudad asediada y un país roto por una sangrienta guerra civil. La situación alrededor de la ciudad todavía no había “explotado” con la terrible violencia y muertes que nuestros donostiarras verán durante los dos siguientes años. De momento las acciones se limitan a pequeñas escaramuzas en los barrios extramurales como San Martín y El Antiguo. Un curioso hecho se produjo en el actualmente conocido como “Pico del Loro”, ya que las tropas inglesas, para evitar tener que cruzarlo por encima al pasar de una playa a otra, deciden horadarlo, motivo por el que era conocido durante el resto del siglo XIX como “Ingle-zulo”. ¿Será el primer túnel que existió allí y oscura causa del origen del actual?

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Barrio del “El Antiguo” y “Pico del Loro o Ingle-zulo”.

Dibujo del Cor. Robert Batty (1836).

 

            El nuevo año, 1836, se inició de manera algo más esperanzadora, ya que mediante una rápida y efectiva ofensiva, el 10 de Febrero, se logra recuperar casi sin lucha el Alto de San Bartolomé. Los carlistas, en número superior a 1500, abandonaron sus posiciones y se retiraron hasta las alturas de Hernani. Dominar de nuevo el Alto de San Bartolomé, causó una gran alegría dentro de los asediados muros de la ciudad, ya que era la posición artillera carlista más amenazadora para todos sus pobladores. Lo negativo de esta jornada es la destrucción casi total que sufrieron los barrios de San Martín y de Santa Catalina, ya que resultaron completamente quemados.

 

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Barrio de San Martín, con el cementerio de San Sebastián.

Dibujo del Cor. Robert Batty (1836).

 

 

BATALLA del 5 de MAYO

   

            El mes de Abril del año 1836 supone un punto de inflexión en la historia de San Sebastián, ya que se produce la verdadera llegada de la División Auxiliar Británica. El día 19, llega a la bahía un buque con un batallón de “Txapelgorris” de Guipúzcoa. El 21 llegan dos buques, con 900 hombres de la Legión y su General en Jefe, George de Lacy Evans. Cuatro días después llega otro batallón de “Txapelgorris” y 2000 británicos más, y finalmente el día 28 , desembarcan 448 hombres más de la L.A.B. (British Auxiliary Legion).

 

LACY 3

                                                                     Tte. Gen. George de Lacy Evans. 

 

            La llegada de tantas tropas hace que los problemas de hacinamiento y de suministros sean aún mayores entre los donostiarras y sus “invitados”. A estas calamidades hay que añadir el miedo, que se extendió ante las noticias de un futuro bombardeo con unos proyectiles nuevos, inventados por un francés, a los que pronto se bautizó con el nombre de “tutorras”. Los carlistas habían amenazado con destruir toda la ciudad con esta nueva arma. Estos dominaban las posiciones del alto de Ayete.

 

            Ante estos malos augurios, se dio orden de preparar la ciudad. La iglesia de Santa María se convirtió en hospital y su culto se trasladó al convento de Santa Teresa. En San Telmo también se habilitaron cerca de 500 camas.

 

            Una vez realizados todos los preparativos, el general Fernández de Córdoba dio orden de que se preparara toda la tropa disponible a primeros de Mayo. Hay que señalar aquí, el hecho de que aún no habían llegado todas las tropas prometidas, pero la urgencia creada por las graves noticias que llegaban sobre el cada vez mayor poder de las tropas sitiadoras precipitaron los acontecimientos.     

 

            El 5 de Mayo muy temprano, aproximadamente sobre las cuatro de la mañana,  salieron de la ciudad siete batallones ingleses y cuatro españoles en tres columnas, iniciando así las operaciones que intentaran levantar el sitio. A pesar de las numerosas fortificaciones y empalizadas levantadas por los carlistas, las tropas aliadas llegaron a las primeras líneas. El hecho de que el terreno se encontrase embarrado, que la zona fuese pantanosa y que el fuego cruzado de los carlistas era verdaderamente certero ocasionó numerosas bajas. La primera línea enemiga fue tomada rápidamente, no siendo necesario más que un único asalto. La segunda línea se tomó con muy poca resistencia, pero en la tercera esta se hizo enorme, teniendo que retirarse las tropas aliadas al amparo de las faldas del cerro de San Bartolomé, tras no menos de dos horas de infructuosos ataques.

 

            Es en este momento cuando afortunadamente para las tropas liberales llega al puerto la escuadra de Lord John Hay con dos batallones de refuerzo ingleses, lo que supuso el refuerzo de más de 1200 hombres de refresco. Así mismo, arrimó dos de sus navíos, el “Phoenix” (o Fénix) y el Salamander  a la costa para efectuar un bombardeo sobre los carlistas con una precisión y acierto aplastantes. El propio general Evans recoge este episodio en su parte del día:

 

            “El acierto con que arrojaron las bombas a la distancia de 1000 varas, especialmente el Fénix, es admirable. Algunas de estas cayeron en la principal batería del enemigo, y abriendo una brecha entraron nuestras tropas. Los rebeldes se defendieron con mucha más obstinación que lo ordinario, pero al fin fueron completamente derrotados en toda la extensión de su línea”.

 

            Sobre este hecho, nada más y nada menos que un bombardeo naval desde la Bahía de la Concha me extenderé un poco más adelante, ya que es bastante singular, y debió ser todo un espectáculo para nuestros antepasados.

 

            Sobre la brutalidad de los combates del 5 de  mayo de 1836 en Ayete y Lugariz, a escasos metros de las murallas de San Sebastián, nos hablan muchos cronistas de épocas inmediatamente posteriores, como es el caso de López Alen, conocido historiador y cronista local, que firmaba sus obras como “Mendiz Mendi”. En sus escritos afirma que el número de bajas liberales fue elevadísimo, teniéndose que habilitar las iglesias de la ciudad como hospitales militares. La ocupación y trabajo en estos hospitales era tan grande, que no pudo celebrarse culto religioso en ellos durante mucho tiempo, habilitándose por parte del ayuntamiento un balcón en la casa consistorial para celebrar los actos religiosos.

 

            Hay que mencionar también, que el hecho de no dar en ningún momento cuartel por ninguna de las partes, las pérdidas fueron considerables, principalmente por parte de la división anglo española, ya que esta atacó a cuerpo descubierto las posiciones enemigas, mientras que estos se encontraban a resguardo de sus trincheras y troneras. Las cifran no pueden ser tomadas en total consideración, ya que varían de un historiador a otro. Las que recojo en este trabajo son las que he creído más detalladas, y no destacan, por exageradas, de la mayoría de datos publicados. Las pérdidas de ingleses y “cristinos” en los partes oficiales fueron 157 muertos en acción, entre los que hubo 20 oficiales, y de 700 heridos, de entre los cuales había 65 oficiales. Todo esto suma un total de 947 bajas aliadas. Destacaremos que en uno sólo de los batallones españoles de Txapelgorris hubo 126 muertos y heridos, lo que supondrá un porcentaje de bajas de 1 de cada 4. Por parte carlista las pérdidas se calculan en unos 300 hombres, entre ellos a su general en jefe, Sagastibelza, “el jefe carlista cuya apuesta figura a caballo llena de arrogancia y valor, causaba la admiración de los suyos y se enardecían con su presencia”.

 

            El grueso de las acciones se desarrollaron en Lugariz, donde  los carlistas resistieron con un terrible fuego sobre los atacantes. Lo mismo ocurrió en el caserío Santa Teresa, llegándose en innumerables ocasiones al cuerpo a cuerpo. En estos puntos  y tras varios y sangrientos intentos, se logró abrir una brecha en las filas carlistas con el apoyo del fuego artillero de los buques británicos, por la que pasó la Legión Británica. Hay que imaginarse lo sangriento del espectáculo, con las mezclas de gritos y quejidos en castellano, vasco e inglés.

 

MUERTE DE SAGASTIBELZA

 

            El general carlista al mando, Sagastibelza, a galope tendido, intentaba reorganizar sus líneas, pero una descarga de fusilería de las tropas aliadas destacadas en  el Fuerte “Pintoré”, terminó instantáneamente con él, al alcanzarle en la cabeza junto al caserío conocido como “Santa Teresa”.  Las tropas carlistas recuperaron a rastras su cadáver, impidiendo  que “manos enemigas lo ultrajaran”, trasladándolo hasta sus líneas, en el alto de Oriamendi, entre San Sebastián y Hernani.

 

CASERIO SANTA TERESA

 

            Estas fotografías inéditas y manuscritas, están extraídas del álbum fotográfico del conocido cronista e historiador donostiarra de la segunda mitad del S. XIX  Francisco López Alén (Mendiz-Mendi). Tienen un gran valor histórico, ya que se trata del único testimonio visual que queda de estos lugares.

 

FUERTE PINTORE 2

 

FUERTE PINTORE 1

 

 

FUERTE PINTORE 3

 

FUERTE PINTORE 4

 

             Fue una gran pérdida para las tropas de Don Carlos, ya que era conocido como uno de los generales más valientes con que contaba el aspirante al trono.

 

            José Miguel de Sagastibelza había nacido en Leitza, el año 1789, muriendo en acción, como ya hemos señalado el 5 de Mayo de 1836. Intervino en la guerra realista de 1821-23, con el grado de teniente. Cuando comenzó la Guerra Carlista, fue uno de los primeros en proclamar al pretendiente como Rey de España en el Baztán, organizando y dirigiendo el tercer batallón de Navarra. Pasado un año estaba al mando de los batallones 5º y 8º con el grado de coronel, encargándose de asegurar la entrada de refuerzos y materiales desde la frontera francesa. Era el hombre de confianza del general Zumalacarregui, siendo partícipe de numerosas acciones victoriosas. Entre estas destacamos la victoria en Larrainzar ante el general Oráa, que le valió el ascenso a brigadier. Fue nombrado comandante general de Guipúzcoa.

 

            A su muerte, el mando de las tropas carlistas pasa a manos del general Arana, quien con el refuerzo de más de 13.000 cartuchos de munición intenta recomponer la situación. Es en este momento, cuando entra en acción el apoyo a las tropas liberales del buque “Phoenix” y del “Salamander”, anclados en La Concha, y pertenecientes a la escuadra compuesta de 5 navíos bajo el mando de Lord John Hay, que comenzaron a bombardear las posiciones carlistas, con la “suerte” de que uno de sus proyectiles cayó en medio de 14 artilleros, matándolos a todos. Este hecho originó la retirada de las tropas carlistas hacia la población de Hernani, culminándose el levantamiento del asedio de San Sebastián.

 

LOR JHON HAY

Lord John Hay

 

            Los carlistas pidieron un armisticio para retirar sus muertos, ya que la artillería de los buques anclados en la Concha se lo impedía. El general Lacy Evans lo concedió. Lugares como Puyo, Ayete, Lugariz, presentaban un aspecto espectral. Destrucción por doquier, muertos en cada esquina, heridos que aún no habían sido socorridos…

 

I-GUERRA-CARLISTA 9290

Tumba del Coronel Tupper 

 

            Algunos oficiales británicos caídos durante esta acción fueron enterrados en el monte Urgull, bajo su castillo roquero, en el rincón más romántico que un ser humano se pueda imaginar,  junto a un acantilado salvaje, golpeado por el mar, rodeado de peñascos, y un espeso manto vegetal que le da su actual imagen  de abandono. Destaca en este cementerio la tumba del Coronel W. Tupper, del 6º de Fusileros Escoceses, muerto este 5 de mayo al frente de sus tropas. Este lugar lo conoceremos desde entonces, todos los donostiarras, como el “Cementerio de los Ingleses”.

 

            Esta victoria sobre los carlistas permitió que los sitiados desmantelaran todas las fortificaciones construidas para mantener el sitio de la ciudad, y aliviar un poco la situación de carestía que sufría la plaza, ya que escaseaba todo lo necesario tras sus centenarias murallas.

 

                  BOMBARDEO DEL PHOENIX y SALAMANDER

 

            Por tratarse de un hecho curiosísimo, voy a dar unos pocos datos más sobre el bombardeo efectuado desde la Bahía de la Concha por parte de la Marina Real Inglesa.

 

HMS SALAMANDER 1

DIBUJO del HMS SALAMANDER

 

HMS SALAMANDER 3

En este cuadro puede apreciarse el inicio del bombardeo, y a la población de la ciudad de San Sebastián aplaudiendo, curiosa, desde los malecones del puerto.

 

HMS SALAMANDER 2 

FOTOGRAFIA DEL HMS SALAMANDER

 

            El HMS SALAMANDER fue diseñado por Mr. Seaton, y botado el 16 de mayo de 1832 en el Sheerness Dockyard, desplazando 818 toneladas (medidas del constructor). Estaba armado, en origen, con dos cañones de 10 pulgadas y dos carronadas de 32 libras. Otras dos carronadas se dispusieron posteriormente. Bajo el mando de S.C. Dacres, el SALAMANDER, durante los años 1836-37 participó en muchas acciones en la costa de España. A menudo llevo tropas –una de las principales funciones de este tipo de buques- así como apoyar con su artillería e incluso con el desembarco de su propia tripulación a las acciones terrestres.

 

 HMS PHOENIX 3 EN 1854

En esta fotografía podemos ver al “PHOENIX” en una expedición al Ártico realizada en 1854.

 

HMS PHOENIX 

En este grabado podemos ver al HMS PHOENIX durante el bombardeo que hizo la escuadra británica a San Juan de Acre.

 

            El Phoenix también participó en el bombardeo del Castillo de Santa Isabel, en la entrada del Puerto de Pasajes, donde tres piezas de artillería carlista hostigaban a los barcos aliados. Mediante una descarga certera, mató a cinco artilleros, el resto de carlistas arrojaron al mar las bocas de fuego, antes de abandonar su puesto y huir al monte.

 

ACCIONES POSTERIORES AL 5 DE MAYO

 

            Aprovechando la superioridad ocasionada a raíz de la toma de Ayete  y San Bartolomé, y utilizando los refuerzos llegados, los aliados conquistan Alza y Pasajes el 28 de Mayo. La primera será la punta de lanza de las tropas de Evans, continuamente sometido a ataques de los partidarios del pretendiente. La segunda un importante punto de aprovisionamiento para sus tropas.

 

            Una columna entró en el Puerto de Pasajes con poca resistencia y se apoderó del castillo de Santa Isabel con el apoyo de la artillería naval de la flota combinada de Hay y del almirante Morales, como ya he indicado anteriormente. Los carlistas se defendieron desde este castillo de Santa Isabel con 3 piezas de artillería, pero los certeros disparos del Fénix mataron a cinco de sus artilleros, teniendo que arrojar los cañones al mar antes de retirarse. Los carlistas retrocedieron hasta Lezo y Renteria.

 

            Una fuerza del 1º de Lanceros británicos, a las órdenes del coronel Rait fue la primera en entrar en Pasajes.

 

            Sobre la falta de piedad hacia los prisioneros, hay que mencionar un hecho anecdótico sobre este punto, que se produjo en esas fechas. El teniente White, de la Real Infantería de Marina fue apresado entre Renteria y Oyarzun mientras realizaba algunos bocetos de paisajes. Wilkinson dice que respetaron su vida por ser del ejército regular inglés, ya que de haber sido oficial de la Legión hubiera sido ejecutado en el acto. Estuvo preso varios meses, hasta un canje por prisioneros, recibiendo todo tipo de comodidades durante su cautiverio. El oficial fue considerado miembro de un ejército regular y no mercenario.

 

            A partir de este momento, la mayoría de las acciones se desarrollaran en estos escenarios, siendo constantes los ataques y hostigamientos a que eran sometidos los aliados por parte de los carlistas, bajo el mando del General Eguía. Mencionaremos, como ejemplo, el ataque realizado sobre Alza el 1 de Octubre, que ocasionó no menos de 1200 bajas entre los más de 10.000 carlistas atacantes. Por su parte los ingleses y aliados, principalmente “Txapelgorris” en esta acción, sufrieron la pérdida de 500 hombres. También el ataque al Altiguo y Ametza, donde el mismísimo General Lacy Evans resultó herido por un proyectil en una oreja. En este ataque los carlistas perdieron aproximadamente 100 soldados, mientras que los británicos cifran sus pérdidas en unos 500 hombres.

 

 

BATALLA DE ORIAMENDI

 

PLANO-BAT.-ORIAMENDI.jpg

 

            De esta forma entramos en el año 1837, con los carlistas asediando los suministros por tierra de la ciudad, ya que dominaban todo el interior de las provincias vascas. En este contexto el mando cristino o liberal, preparó una ofensiva por tres puntos diferentes. El primero avanzaría desde Pamplona hacia el interior de Guipúzcoa, el segundo partiría desde Bilbao al mando del General Espartero, y el tercero desde San Sebastián con el General Evans a la cabeza de las tropas aliadas. Los dos primeros fallaron, dejando al general inglés sólo con sus tropas atacando, en los hechos que se conocerán desde entonces como “La Batalla de Oriamendi”.

 

            El primer objetivo de Evans era la toma de la población de Hernani. Para conseguirlo tenía dos posibilidades. La primera consistía en avanzar directamente, por el camino más corto, desde Aldapeta, por las alturas de Ayete y desde allí caer sobre el pueblo de Hernani, teniendo como principal problema el que tendría que enfrentarse directamente con las fuertes posiciones carlistas enclavadas en Oriamendi.

 

            El otro camino hacia su objetivo partía desde la población de Alza, su punta de lanza, forzando la línea defensiva enemiga de Ametzagaña. Una vez vencida esta, se deslizaría por el camino de Astigarraga hasta Hernani, por detrás de las líneas y fortificaciones carlistas, por lo que estos tendrían que replegarse y abandonar la población para no verse aislados.

 

            Esta segunda opción fue por la que se opto en un primer momento, comenzando la 1ª fase de la batalla.

 

            En el siguiente plano, que espero me disculpe el amable lector si hay algún fallo en cuanto al posicionamiento exácto de los puntos geográficos, pueden verse las líneas de frente de cada uno de los bandos. En rojo la de los liberales y azul la de los carlistas.

 

1-PLANO-LINEA-FRENTE.-JPEG.-AJUSTADO.jpg

 

1ª FASE: ATAQUE DESDE ALZA

 

            Situó sus principales fuerzas, como ya hemos señalado en Alza y el valle que separa esta población de la de Herrera. En la meseta de Alza colocó sus fuerzas de reserva, consistentes en:

 

            + 16 piezas de artillería a las órdenes de los coroneles británicos Colquhoun y Shaw.

            + Un Regimiento de Lanceros de reserva al mando del coronel Vakefield.

            + Un Regimiento de Zapadores de la L.A.B. bajo el mando del mayor Hunfrey

            + Y una Cia. de Infantería española con el capitán Brochero.

 

Delante de la población de Alza, desplego el grueso de sus efectivos, compuestos por:

 

            + 2ª División Española, al mando del General Jauregui.

            + División Española de Vanguardia, con el Coronel Llanos.

            + Tres Batallones de la 1ª y  2ª Brigada de la División Española de Vanguardia, Coronel Muñoz.

            + Brigada Ligera L.A.B., del Brigadier  Godfrey

            + Batallón de la Marina Real Inglesa , del Coronel Duven.

            + 1ª Regimiento de Infantería de la L.A.B. del Coronel Lancey.

            + 2ª Brigada de la L.A.B. del Brigadier Fitzgerald.

 

            En la parte más occidental de Polloe, a modo de tenaza, y amenazando el fuerte de Ametzagaña, otra brigada de la L.A.B. al mando del General Chichester y un Batallón de Txapelgorris.

 

            El General en jefe de este ejército, Lacy Evans, estableció su Estado Mayor en los terrenos y casería de Sagasti-Eder.

 

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            El avance comenzó el día 10. Los carlistas que ocupaban el fuerte de Ametzagaña, al mando del Coronel Iturbe, lo abandonan al tratarse de una posición muy franqueable, pudiendo quedarse completamente aislada en el caso de ofrecer resistencia. Por este motivo, deciden unirse a la resistencia que se va está organizando en Txoritoquieta, más exactamente en su ladera, en la posición conocida como Antondegui.

 

3-PLANO-1--FASE--10-Marzo--JPEG.-AJUSTADO.DEF-jpg

 

            Es en este punto donde se produjeron los combates más encarnizados de la jornada, siendo tomado el puesto tres veces por los ingleses, a la vez que recuperado otras tres veces por los batallones carlistas de Guibelalde. Los jefes carlistas sabían que de ceder en Antondegui, los cristinos se deslizarían por el valle de Astigarraga, llegando a Hernani por la espalda de toda la línea fortificada por los partidarios del pretendiente.

 

2ª FASE: ATAQUE A ORIAMENDI

            Viendo Evans que no podía atravesar el frente enemigo por este punto, decidió cambiar la estrategia, decidido a atacar directamente por el alto de Oriamendi, y desde allí caer sobre Hernani. Por este motivo dedicó los días 11, 12, 13 y 14 a desplegar sus fuerzas en las nuevas posiciones, en fortificar el recién conquistado fuerte de Ametzagaña con una batería inglesa y asegurar sus comunicaciones, además de construir un puente de barcazas en Loyola para facilitar el paso de sus tropas.

 4-PLANO-2--FASE.-JPEG.-AJUSTADO.DEF-jpg

 

            En la zona del actual Miramón, desplegó a los Txapelgorris y  a los regimientos 6º y 7º de la L.A.B. al mando del General Godfrey. A su izquierda, en la actual zona ocupada por el Hospital de Guipúzcoa, los Regimientos 1º, 4º, 8º, 9º y 10º de Fusileros bajo las órdenes de los generales Chichester y Fitzgerald.  A continuación 5 batallones de la División de Vanguardia con el General Rendón. Más retrasados, a lo largo de la carretera de Ayete, los Lanceros, Marina Real y artillería.  

   

15 MARZO 1837 

              El día 15 fue el designado por Evans para ordenar el ataque general contra las líneas carlistas.

 

            La columna de la derecha, mandada por el General Jauregui debía avanzar por la carretera de Ayete, apoyada por los Lanceros británicos, artillería de la Legión y de la Marina Real además de un batallón de Infantes de la Marina Real, al mando de Lord John Hay. La columna de la izquierda, a las órdenes del Brigadier Rendón, atacaría hacia Ergobia. Por su parte las tropas británicas a las órdenes de los Brigadieres Chichester y Fitzgerajd arrollarían el centro enemigo.

 

            El día era muy malo, con lluvia e incluso algo agua nieve. El frio era penetrante. Los terrenos se encontraban en muy mal estado, por lo que la artillería estaba casi limitada a operar desde zonas próximas a la carretera de Ayete. Imaginémonos a los combatientes, tras varios días a la intemperie, empapados, sucios, helados hasta los huesos.

 

            Ante la superioridad aliada, los carlistas retroceden, tomando los liberales posesión del fuerte de Oriamendi a eso de las seis de la tarde, cuando la luz del día aún es considerable teniendo en cuenta la fecha en que nos encontramos. Evans ordena a sus tropas que se desplieguen hasta el pie de la fortificación de Santa Bárbara, por lo que la nueva línea del frente se convierte en un ángulo recto con su vértice en Oriamendi.

 

            En la ciudad de San Sebastián la expectación era enorme ante la inminente entrada de sus tropas en Hernani. Cantidad de donostiarras, ya sea de nacimiento o de refugio, se apresuraron a subir hasta las alturas de Oriamendi y acomodandose entre los numerosos cadáveres que poblaban el terreno, presenciar en primera persona la victoria de los ejércitos mandados por Evans. Incluso el organista de Santa María, el afamado  maestro Santesteban, había compuesto una canción para celebrar la segura victoria que se avecinaba. Esta partitura parece ser que fue recuperada de unos de los caidos, siendo adoptada por las huestes de Don Carlos como himno, "El Oriamendi". Este hecho no es del todo seguro, pero como dice el refrán... Cuando el río suena...

 

16 MARZO 1837

            Pero cuando por la mañana se desplegaron los casacas rojas, llegando incluso hasta el puente de Caravel, en la entrada de Hernani, ven mucho movimiento en el bando del pretendiente. Han llegado refuerzos a las órdenes del Infante D. Sebastián.  En efecto, ha llegado el Infante D. Sebastián con nada menos que 20000 carlistas de refuerzo.

 

INFANTE D. SEBASTIAN

 

            Don Sebastián María Gabriel de Borbón tenía en ese momento 26 años de edad. Era hijo del infante Don Pedro y sobrino de Carlos IV. Dirigió el ataque contra Madrid en la primavera de 1837. Murió en Pau en 1875.

 

1811-1875SebastianBorbon2.jpg

                                             Fotografía del Infante Don Sebastián de los años sesenta.

 

            Las tropas del infante, destinadas en un primer momento a enfrentarse con las de la guarnición de Pamplona, al verse libres por la retirada de estas últimas, emprendieron una marcha a paso forzado hacia Hernani, ya que era allí donde se estaba produciendo el acontecimiento bélico más importante. El día 16 a las 5 horas de la mañana entraron en Tolosa. Al mediodía estaban en Hernani.

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            Ante el empuje de las bayonetas, los de Evans se retiraron hasta Oriamendi, donde también fracasaron en el intento de contener el ataque. En el sector llamado Alegui, Evans había destacado dos batallones, uno español y otro inglés, que se vieron sorprendidos entre dos fuegos, uno al frente y otro en vanguardia. Estos batallones huyeron en desbandada, contagiando el pánico a muchas de las unidades. La carrera hacia la salvación fue frenética, ya que a los miles de soldados que trataban de salvar sus vidas hay que unir la de los cientos, o tal vez también miles, de civiles que habían acudido a presenciar la acción y que ahora entorpecían grandemente la maniobra de repliegue. La saña de las tropas carlistas para con los británicos fue feroz y despiadada, ya que no se les consideraba ejército regular, eran a ojos de los carlistas simples mercenarios. No hubo piedad alguna para con los heridos. Se habla de casos incluso, en que los txapeltxuris no atacaban a los españoles en retirada. Solamente se centraban en los hijos de la lejana Albión, delatados por el carmesí de sus uniformes.

 

            En el caserío Arizmendi se conservaba a mediados del siglo XX el recuerdo, transmitido oralmente de generación en generación, que junto a sus muros se hicieron enormes piras donde se acumularon los cuerpos de tantos muertos. Su entierro hubiera sido, sino imposible, sí muy laborioso, dado su gran número.

 

            Batalla Oriamendi 2

 

            Gracias a la heroicidad de un batallón de la Marina Real inglesa, que mantuvo su puesto haciendo descargas cerradas sobre los carlistas, lograron llegar esos infelices al resguardo de los muros de la ciudad de San Sebastián. A las 5 de la tarde ya había terminado todo. El Infante Don Sebastián se paseaba a caballo por entre los despojos del otrora orgulloso ejército aliado.

 

 

oriamendi

          Los carlistas rebasando lo que queda de una línea británica.

 

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Tumba del Coronel Oliver de Lancey

 

            Los aliados sufrieron un gran número de bajas, entre las que destaco la del Coronel Oliver de Lancey, también enterrado en el Cementerio de los Ingleses del monte Urgull. Se estiman las pérdidas aliadas en unas 2000 hombres entre muertos y heridos, mientras los carlistas sufren aproximadamente 600.

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Published by comedurasdetarro - en HISTORIA de SAN SEBASTIÁN
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Comentarios

Ibon 08/25/2016 16:30

Hola,

Felicitaciones por el texto. Está bien escrito y es bastante detallado. Las fotos son preciosas, una joya para conocer como era la zona de Ayete antes de las urbanizaciones de la segunda mitad del siglo XX. Algunos textos a pie de foto son importantes: Ahora sabemos exactamente donde fue muerto el general Sagastibelza.

Pero - siempre hay algún "pero", lo siento - hecho de menos la bibliografía. Cuando Usted precisamente habla de la batalla del 5 de mayo, pone unos textos en cursiva. La primera, según Usted dice pertenece al parte del día que el propio Lacy Evans escribió y deduzco - porque Usted no lo especifica - que las otras dos que se refieren a la muerte del bravo general carlista.

Si no es mucha molestia, podría Usted indicar en qué libro se encuentra el parte de Lacy Evans?

Gracias. Un abrazo,

Ibon

Jesse M Ruiz Moreno 09/27/2012 16:22

Felicitaciones por el texto que antecede.Soy descendiente de lo que en ese momento se llamaba un "nacional" del Batallon Ysabel II, de la Milicia Nacional de San Sebastian.Su nombre PEDRO PAUPE.Ha
debido ser por 1860/70 cuando el se traslado a vivir a Venezuela y alla reposan sus restos para siempre.Conservo su hoja de servicios y tambien conservaba sus medalla concedidas por las acciones
desde el año 1933 ( se perdieron o mejor dicho se las robaron en un vuelo de IBERIA entre Caracas y Madrid en 1980 y jamas aparecieron como todo el equipaje, se salvo la hoja de servicios porque
quedo en la casa de Caracas. Las medallas sin cintas las llevaba a Madrid para su identificacion ) y que comenzaron en primera llamada Hernani. Mi pregunta es si hay alguna otra historia de dicho
batallon y de esta persona en los archivos de San Sebastian.Muchas gracias
Felicidad

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JOSÉ MARÍA LECLERCQ SÁIZ
Arqueólogo por titulación, historiador por afición.
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220px-Captain Sir George Ralph Collier

He sido invitado al programa "La Mecánica del Caracol" de Radio Euskadi, para aportar mi visión diferente del Asedio de San Sebastián de 1813 y del Cementerio de los Ingleses del Monte Urgull de la Capital donostiarra.

 

Aquí os dejo el enlace: (es a partir del minuto 26)

 

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