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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 13:16

                               Muchas veces me he preguntado qué pasaba con los prisioneros de las guerras napoleónicas, dónde los internaban, cuáles serían sus nuevas condiciones de vida, etc.  Buscando por un poco por aquí  y un poco por allá, puedo contaros varias cositas, bastante curiosas.

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Dupont rindiéndose ante Castaños en Bailén.

                        Es muy conocido por todos el cuadro de la rendición del general Dupont ante el español Castaños en Bailén, y siempre que me centraba en las caras de los militares franceses, me asaltaba la pregunta del futuro que les esperaba, de los sufrimientos que a partir de ese nefasto momento de sus vidas tendrían que superar, o rendirse, esta vez ante el abandono y la crueldad, y morir, no regresando nunca más a sus hogares, junto a sus seres queridos.

                        En las condiciones de rendición que se pactaron se decía claramente que los soldados franceses serían repatriados a su nación, pero la Junta de Guerra de Sevilla, ya rendidos los imperiales,  se opuso, quedando roto el tratado  pactado en el Campo de Batalla. Supongo que de haberlo sabido, el francés se hubiera pensado dos veces el rendir armas ante nuestros ejércitos.

                        Dupont llegó a contar en la Batalla de Bailén con unos 25.000 hombres, de los que cayeron en manos españolas no menos de 17.000 (según Menéndez Pidal 17.635). Estos desgraciados conocerían casi todos los medios existentes en la época para internar prisioneros, empezando por una primera concentración en el pueblo de Villamanrique (Ciudad Real).

                        Duro e inhumano fue el traslado de todos ellos hasta la costa gaditana, teniendo que recorrer ese largo trayecto bajo el sol de justicia de nuestra Andalucía, a la vez que la población dedicaba sus "mejores" calificativos y sus deseos de linchamiento a la interminable columna que lentamente serpenteaba hacia un incierto futuro. Pedradas, escupitajos, agresiones... sed, calor... miedo....

                        Por fin llegaron a la Bahía de Cádiz, y pudieron ver cuál iba a ser su nuevo hogar. Eran unos pontones flotantes, sucios e insanos, viejos, infectados de ratas... En esos 16 antiguos buques de guerra, se amontonaron  los miles de cautivos durante nueve meses. Casi un año!!! Privados de cualquier atisbo de higiene, de medicina, de compasión. Rápidamente la disentería, el hambre, las infecciones y la desesperación se cebaron en ellos, teniendo que tirarse todas las mañanas innumerables cadáveres al mar. Esta matanza encubierta fue de tal dimensión, que se sabe que los habitantes de Cádiz se negaron a comer pescados capturados en la Bahía, ya que no querían comer animales que se alimentaban de muertos.

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Pontón utilizado como prisión.

                        Al final una buena noticia. Nos embarcan, seguro que regresamos a Francia gracias a algún tratado, o a algún intercambio de prisioneros!!!! VIVE L'EMPEREUR!!!

                        Cuando el convoy llegó a su destino, es fácil imaginar el desasosiego y la tristeza que se apoderaría de esos antiguos soldados del Imperio más poderoso de Europa. Los iban a dejar abandonados en una isla rocosa, sin vegetación, casi sin agua, sin edificios en los que guarecerse del viento y las tempestades. En una isla en la que solamente vivían unas pocas cabras, que dieron origen a su nombre... CABRERA!!!

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Isla de Cabrera.

                        Los españoles y sus aliados británicos, ante la duda de dónde podemos internar a varios miles de enemigos, que a la mínima se pueden amotinar y levantarse en armas, encontraron una solución muy fácil. En una remota y pequeña isla, abandonada de la mano de Dios y de los hombres, en esos tiempos... y que ahora, igual que antes, sigue en la misma situación, con la única diferencia que llamamos a ese estado de aislamiento "Reserva Natural". Cabrera es su nombre, y penalidades y abandono el destino del gabacho. Pobres desgraciados!.

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                        Más de cinco años estuvieron abandonados a su suerte en esas rocosas tierras. Sólo tenían un minúsculo manantial con el que saciar la sed, por lo que las colas que se producían eran interminables. Las cabras desaparecieron nada más llegar los galos a la isla. Se calcula que el número de internados rondaba los 13.000, hecho que nos indica claramente la enorme mortandad que habían sufrido en los pontones de Cádiz. La comida llegaba cada cuatro días aproximadamente... cuando llegaba, ya que muchas veces por una u otra razón, la visión de las velas del barco que traía algo que echarse al estómago no aparecían. Cuando lo hacía la descarga consistía en pan mohoso, habas y aceite de muy mala calidad.

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Grafitis realizados por los prisioneros en las rocas.

                        La muertes se sucedía y se multiplicaban. El hambre hacía estragos, llegando a hablarse de casos de canibalismo. Ante esta deshumanización se tomaron medidas urgentes, dotando a los internados de unas normas básicas que permitieran guardar, al menos, las apariencias de que detrás de esos sacos de huesos, de esos seres vestidos con los restos de los que en su día fueron los uniformes más lujosos de Europa, todavía había seres humanos. Se organizaron veladas de teatro, un hospital, e incluso se trazó una calle con el pomposo nombre de "Palais Royal".

                        Se castigó con la pena de muerte el canibalismo, se organizó la pesca desde la costa, la plantación de semillas, la caza de lo que existiera... cualquier detalle que pudiera mejorar la calidad de vida era estudiado. Todo esto se hacía bajo la atenta mirada de los carceleros hispano británicos, que se encontraban a bordo de un bergantín inglés y dos cañoneras españolas.

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Monumento erigido en la isla, en recuerdo de las víctimas.

                        En esa isla murieron más de 10.000 soldados franceses, cuyos restos fueron devueltos por el Estado español a Francia un siglo después. No hay nada que disculpe la actitud de nuestro país con los combatientes de Bailén, pero no es menos cierto que los franceses no hicieron nada por liberarlos, cosa fácil ante el aislamiento de la isla, y la escasa fuerza que los vigilaba. Todos tienen que entonar un "mea culpa".

                        Los oficiales internados tuvieron algo más de suerte, ya que muchos fueron trasladados a otro tipo de internamiento, que bien pudo ser el que describo a continuación.

                        Puede que nos encontremos ante el primer "Campo de Concentración" de la historia, ya que fue mandado construir para albergar a los prisioneros franceses, sobre todo oficiales, capturados entre 1797 y 1814. Su capacidad era para no menos de 7000 prisioneros y se encuentra en Peterborough Cambridgeshire.

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El "Campo de Concentración", según un grabado de la época.

                        Se encontraba provisto de barracas, fosos, y muros, es decir, de todo lo que nuestra imaginación asocia con un auténtico Campo de Concentración. Situado hacia el interior, lo suficientemente alejado de la costa como para impedir una acción exterior, bien comunicado gracias al rio, que facilitaba el traslado de prisioneros y materiales, y rodeado de campos agrícolas, que  suministraba  alimentos.

                        La parte de la prisión era de forma octogonal, con cuatro cuadrantes rodeados por vallas de madera,  dentro de los cuales se encontraban las barracas, con dos pisos de altura. En ellos se hacinaban los prisioneros, que a consecuencia de la falta de espacio se veían obligados a dormir en hamacas.

                        El trato a los prisioneros no era malo en comparación a lo que hemos visto hasta ahora, pero la dureza de la vida entre esos muros, y alguna epidemia, sobre todo de tifus, agravada por el enorme número de personas encerradas, hicieron que el número de fallecidos, en 17 años de vida de las instalaciones, fuera de casi 18.000 muertos.

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Vista aérea de los restos de la prisión.

            El Campo se clausuró en 1815, tras la derrota de Napoleón en Waterloo. Actualmente un águila de bronce sobre una columna y pedestal, erigida en 1914, nos indica lo que ocurrió en este lugar. Un oscuro y triste rincón más de la historia de la humanidad. ¿Humanidad?.

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Published by comedurasdetarro - en CURIOSIDADES
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Comentarios

Antxon Massé 02/05/2012 20:19

También hubo oficiales franceses que disfrutaron de un encarcelamiento suave tipo "La mujer del teniente francés"

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He sido invitado al programa "La Mecánica del Caracol" de Radio Euskadi, para aportar mi visión diferente del Asedio de San Sebastián de 1813 y del Cementerio de los Ingleses del Monte Urgull de la Capital donostiarra.

 

Aquí os dejo el enlace: (es a partir del minuto 26)

 

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