Sunday 19 january 2014 7 19 /01 /Ene /2014 12:38

EL BUQUE DE GUERRA FRENTE A PASAJES

EL CAÑONERO "TAJO"

hundimiento

 FOTO LOPEZ ALEN069

    Una fotografía del álbum de Francisco López Alén con la imagen de un buque de guerra en el puerto de San Sebastián, me llamaba la atención desde hacía tiempo, sobre todo por el texto manuscrito de puño y letra que decía:

 

"El cañonero "El Tajo" que se perdió en Pasajes"

 

     Preso por la curiosidad, indagué un poquito por aquí y por allá, y esto es lo que descubrí.

 

    Para apoderarse completamente del control de las costas de España durante la Tercera Guerra Carlista, el Gobierno contrató en los astilleros de Toulón la construcción de diez unidades en Septiembre de 1874. Se trataba de una serie de cañoneros de tan solo 86 toneladas de registro bruto, armados con dos cañones de ánima rayada de 120 milímetros. Su casco era de hierro, y se propulsaba gracias a un motor que funcionaba con carbón.

 

5 Cañonero Segura    De todos ellos, se destinaron a patrullar en las costas del Cantábrico a los bautizados como Tajo, Arlanza, Turia y Segura, haciendo especial énfasis en la costa comprendida entre el Nervión y el Bidasoa.


    Las características principales de estos buques eran:


Eslora 24 metros

Manga 4.93 metros.

Puntal 1.86 metros

Calado 1.72 metros.

Tripulación 22 hombres.

 

    Su característica más destacada era un enorme espolón en su proa, que a modo de burbuja de aire ayudaba a soportar el peso de la torre artillada que tenía encima. En caso de que se necesitara una mayor precisión de disparo, esta podía ser llenada de agua, lo que otorgaba al cañonero mayor estabilidad. El dibujo es de uno de sus hermanos gemelos de la clase Somorrostro.


    Una vez terminada la guerra, se utilizaron en función de guardacostas, desperdigándose por las diferentes comandancias de marina. A la de San Sebastián le fue asignado el bautizado como Tajo, que cumplió su misión hasta que un desastre truncó su carrera naval. En un artículo de La Ilustración Española y Americana fechado en Madrid el 8 de Junio de 1895 se da cuenta del suceso.


    Al encontrarse la unidad con los fondos sucios, su comandante, el Teniente de Navío D. Ramón Carranza decidió desplazarse hasta Bilbao. Una vez limpio el casco, emprendió la vuelta al puerto de Pasajes durante la noche. Ya rayando el amanecer, sería a eso de las seis o siete de la mañana, justo en la entrada del Puerto de Pasajes, el cañonero fluvial chocó con el fondo rocoso en el paraje conocido como "Sasiguchi", situado a los pies del faro de la Plata, que seguramente sea donde actualmente se ubica la baliza exterior del Canal de entrada al puerto.


    "El Tajo", herido de muerte, sólo concedió tres minutos a su tripulación antes de desaparecer completamente bajo las aguas. A pesar de este escaso tiempo, su tripulación logró lanzar al agua la canoa, a las órdenes de su comandante. Este salvó la caja de caudales, y una vez cumplida su misión, regresó al puente de mando con la intención de desaparecer con su buque.


    Sus compañeros intentaron en vano impedir esta acción suicida, logrando embarcarlo en el preciso momento en que el cañonero desaparecía, creando tras su muerte un remolino de tales dimensiones que hizo volcar el bote salvavidas. La tripulación logró ponerse a salvo nadando a la cercana costa, distante tan sólo 50 metros, y a la milagrosa aparición de una trainera de pesca que regresaba de faenar. Estos arrantzales salvaron al capitán del Tajo, que flotaba inconsciente por un fuerte golpe recibido en la cabeza.


    Todos llegaron ilesos al puerto de San Pedro, en Pasajes, a excepción de un chico de 22 años, natural de Vigo, que murió ahogado al no saber nadar. Se trataba del marinero Enrique Lago.


     Era un 29 de Mayo del año 1895, y tras más de 20 años de servicio, una parte de nuestra historia descansa para siempre frente a nuestras costas.

 

Presentación1

 

    Se intentó volver a reflotarlo, para lo cual los buzos de la armada comenzaron a inspeccionarlo. Esta actuación era posible, dado que el cañonero se encontraba tan sólo a una profundidad de entre siete a trece metros, recostado sobre su banda de estribor. El dictamen final fue negativo. Los costes superaban el valor de una nave nueva, por lo que fue abandonado definitivamente. Se rescataron los quinces fusiles de la armería del buque, un ancla, diversa documentación y el cañón de bronce con su munición.


    File0714Qué pasó con su comandante, os preguntaréis. El tribunal de la Comandancia de Marina de San Sebastián que lo juzgó, lo exoneró de los cargos. Tras este incidente en su hoja de servicios, el Teniente Carranza se presentó voluntario para luchar en la guerra de 1898 en Cuba, donde fue destinado al mando del cañonero "Contramaestre", con el que realizó una brillante actuación. Este marino había nacido en El Ferrol en 1863, y falleció con rango de contraalmirante en 1936. Se le concedió la Laureada de San Fernando, fue alcalde de la ciudad de Cádiz, Gobernador Civil, Diputado a cortes y Senador.

 

    Antxón Massé , seguidor de este blog, me comentó que curiosamente el estadio de futbol de Cádiz lleva el nombre de "Estadio Ramón de Carranza", y a su inauguración asistió José León de Carranza, hijo del Teniente Ramón Carrranza, que protagoniza esta historia.

 

cañonero tajo


Aguilera y Elias. "Buques de Guerra Españoles 1885-1971. Edit. San Martín. Madrid. 1979

Revista General de la Marina. Diciembre 2012.

http://foro.todoavante.es

www.armada.mde.es

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Sunday 19 january 2014 7 19 /01 /Ene /2014 10:31

 

LA-CAMPANA 0130Entre los donostiarras corren muchas "leyendas urbanas", como nos gusta denominarlas ahora, que no son más que equivocaciones nacidas de mentes calenturientas que dejan correr libremente su imaginación. Una muy extendida es la que dice que el arco existente en el Macho del Castillo del monte Urgull era para ajusticiar, por medio de la horca, a los condenados a muerte por las autoridades militares.

 

Nada más lejos de la verdad. No se trata de un cadalso, aunque su verdadera función si causase terror entre los habitantes de nuestra ciudad. Es, como su forma bien desvela, un campanario. Este, situado en tan privilegiado lugar, servía como alarma de bombardeo a los sufridos donostiarras de la segunda mitad del siglo XIX.

 

Tras el comienzo de la Tercera Guerra Carlista, la ciudad de San Sebastián, siempre a favor de la causa liberal, comenzó a ver que los enemigos se acercaban a su primera línea defensiva. Los carlistas nada más ver la ciudad a tiro de sus cañones, emplazaron baterías alrededor. La más importante y que más daño hizo era la situada en Arratsain, donde dos piezas se encargaban de molestar a los sufridos habitantes, protegidos tras los muros de las nuevas murallas que tuvieron que levantar. Las antiguas se habían demolido diez años antes. FOTO-LOPEZ-ALEN234.jpg

 

001797El 28 de Septiembre de 1875, tras la retirada liberal de Txoritokieta, comenzó el bombardeo, y esa misma noche resultaba herido por una de las granadas el voluntario liberal Juan Bautista Amiel. La siguiente noche, una mujer era destrozada en la calle Bengoechea.

 

Ante este problema, el Ayuntamiento encargó que se estableciera una vigilancia continua desde el castillo hacia esta batería artillera enemiga. El encargado fue un tal Imaz, apodado cariñosamente por los donostiarras como el "paletas", seguramente por algún rasgo dental que lo diferenciaba de sus conciudadanos, que nada más ver el fogonazo del cañón, tocaría la campana en señal de alarma. Tras este toque, se disponía únicamente de 14 segundos hasta que el proyectil llegase a su objetivo con su mortífera carga.

 

Puede que nos parezca poco tiempo, pero las medidas adoptadas por el Ayuntamiento al respecto fueron muy acertadas. Existía la obligación de dejar todos los portales abiertos, de manera que todos los transeúntes podían ponerse a buen recaudo rápidamente.

 

Sobre qué campana fue la que tantas vidas donostiarras arrancó de la muerte ocasionada por esos "pepinos", hay varias versiones. Por cierto, eran llamados así por su forma, como se podrá apreciar en la fotografía de uno de los del modelo Whitworth que cayeron, y se conserva en nuestro museo. Don Pío Baroja habla de una campana de características claramente orientales, China a más señas, que hace que nuestra imaginación se desate, imaginándonos algún mercante que vino desde la lejana Asia con tan curioso instrumento. El reconocido historiador Banús, duda de estas características señaladas por tan eminente paisano, pero personalmente no creo que Don Pío anduviera muy desencaminado.

 

Revisando grabados, dibujos y litografías de esas épocas, en el álbum de Francisco López Alén existe un dibujo que es bastante claro sobre los acontecimientos que narro.

 

DETALLE BATERIA

 

A la izquierda podemos ver Venta Ziquiñ, lugar donde se emplazó la odiada batería carlista, con sus dos piezas, una la de los famosos "pepinos" y otra de mayores dimensiones.

 

CAMPANA AMPLIADA

 

Y en medio del dibujo una imagen de la campana, con sus pintorescas formas, que la delatan claramente como procedente de otras tierras, lejanas, muy lejanas, por lo que tal vez el bueno de Don Pío no estuviese tan equivocado rememorando sus recuerdos infantiles.

 

A pesar de todas estas medidas, la constante caída de proyectiles tenía, de vez en cuando, fatales consecuencias. En la esquina de la calle Narrica con el Boulevard, justo en el lugar donde los actuales donostiarras y nuestros numerosos turistas pueden refrescarse con helados en un establecimiento de nuevo cuño, un niño de curioso nombre cayó destrozado por una de las granadas. Su nombre era Sinforoso. Nadie se acuerda hoy, en ese lugar, de la tragedia que esas piedras contemplaron, con un pequeño de tan sólo ocho años tendido en el suelo, y unos padres, también destrozados, ante la estupidez de la guerra.

 

A pesar de los cuidados del ahora imprescindible "paletas", los carlistas tomaron sus medidas para que no se divisaran tan fácilmente los fogonazos, y reforzaron los parapetos ocultándolos del entrenado ojo de nuestro ángel de la guarda. Una joven de 16 años fue la siguiente víctima, al ser alcanzada por la metralla en la cabeza y en el vientre. El periodista Curros Enríquez, que escribía para "El Imparcial", la describió como hermosa, como todas las de este país. Otra niña, esta de tres años también sucumbió en la calle Loyola.

 

El día 5 un bando municipal informaba a los habitantes de los problemas que tenía el "paletas" y su campana, y de la certera existencia dentro de la ciudad de espías carlistas, que informaban a los artilleros enemigos de los medios con que se disponía contra sus bombardeos.

 

Un día tan señalado para nosotros como es el 20 de Enero, una de estas granadas alcanzó al célebre poeta vascongado Vilinch, que tras agonizar por sus heridas durante medio año, finalmente falleció, dejando a una pobre viuda con varios niños a su cargo.

 

El 15 de Febrero de 1876, finalmente, los carlistas abandonaron la posición ocupada por la batería, y San Sebastián se vio liberada de estos molestos vecinos. Mucho se habla de los bombardeos indiscriminados contra civiles, acontecidos en las grandes guerras mundiales, y en nuestra tierra del famoso  bombardeo de Guernica... ¿pero acaso este hecho no fue un bombardeo, también indiscriminado, contra una población indefensa? Creo que sí, y además con el agravante de haber sido ejecutado por vascos, contra hermanos vascos. La guerra es así de irracional.

 

Los recuerdos que estos días dejaron en las mentes de los niños donostiarras fueron heridas incurables, a modo de cicatrices, con escenas que se grabaron a fuego en sus cerebros. Pío Baroja, uno de esos pequeños al haber nacido en 1872, recuerda en sus memorias, a pesar de su corta edad, ver cuerpos de soldados destrozados por los proyectiles y las balas, todavía con sus uniformes, tendidos en el suelo, junto a un cementerio abandonado cercano al hotel donde vivía con su familia, en el Paseo de la Concha. Se trataría, sin lugar a dudas del desaparecido Cementerio de San Martín.

 

proyectil

 

pepinoDe la famosa campana se pierde la pista. Algunos historiadores mencionan que se llevó a la pescadería vieja de la Brecha, donde se usó para las subastas del pescado. Lamentablemente, hoy en día nada se sabe de ella a pesar de los grandes servicios que hizo por nuestros antepasados.

 

¡Y por cierto! Si alguien vive o conoce a quien lo haga, en el número 7 de la calle Vergara de nuestra ciudad, que sepa que una jovencita de 29 años llamada Francisca Artola, cuando se encontraba en su piso un 16 de Diciembre de 1875, también murió como consecuencia de un impacto directo. No sé si existirán o no los fantasmas... pero si yo viviese en ese cuarto piso...

LA-CAMPANA 0132

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Tuesday 31 december 2013 2 31 /12 /Dic /2013 12:06

FOTO LOPEZ ALEN197

    A finales del siglo XIX el monte Igueldo no estaba como hoy, tal y como podemos verlo en la fotografía del albúm de Fco. López Alén. No existía un parque de atracciones tan singular como el que podemos disfrutar hoy, con sus vetustos puestos, que a pesar de su vejez desprenden ese aroma a otro tiempo que tanto nos gusta a los donostiarras y sorprende a nuestros visitantes.

 

lopez alen en el torreon en 1902     Su cumbre reflejaba las cicatrices de las guerras, contra extranjeros y contra hermanos, que habían desangrado a nuestros antepasados a lo largo de todo el siglo de los mil ochocientos. En su cima se erguía un antiguo faro que hoy conocemos como el torreón, y a sus pies el fuerte, conocido como el de la farola, levantado por la ciudad en la segunda mitad del siglo para defenderse del asedio carlista.

 

     Entorno a 1895, a alguien se le ocurrió construir un monumento en la torre que se asemejaría mucho al desastre que hoy en día tenemos coronando nuestro castillo del monte Urgull, destrozando las líneas y simetrías militares de todo el conjunto.

 

    En el monte Igueldo se proyectó la construcción del monumento a la "Virgen del Cantábrico". Otra mastodóntica escultura que hubiese modificado, casi con toda seguridad, el futuro de este monte. Personalmente me alegro que no se llegase a realizar, y no lo digo por convicciones religiosas, pero es que me gusta mucho lo que actualmente tenemos y disfrutamos.

 

    Este era el proyecto:

 

la virgenla virgen 2

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Monday 30 december 2013 1 30 /12 /Dic /2013 20:11

    Muchas generaciones de donostiarras nos han precedido. Hombres y mujeres han nacido, crecido, amado y odiado. Han sufrido penas y dolores para, finalmente, morir dejando paso a nuevas generaciones, fruto estas de sus amoríos.

 

    Pero la muerte no es total mientras queda el recuerdo. Mientras alguien te tenga en la memoria uno no muere del todo. Tu recuerdo sigue vivo, o al menos eso es lo que yo creo.

 

    En uno de mis frecuentes paseos por mi querida Parte Vieja donostiarra, perdiéndome entre esas calles que me han visto crecer, reír y llorar, lo mismo que hicieron con mis padres y antes con los padres de estos, y así hasta perdernos en la oscuridad del tiempo, hice un descubrimiento insospechado. Os comentaré...

 

    Uno de los rincones que más me gusta, y que, cuando estoy completamente sólo, me enloquece la imaginación, es el callejón de San Telmo, ahora más conocido como de Santa Corda. Sólo pensar que realmente estoy en una de las pocas calles que se salvaron del incendio de 1813, me llena de sensaciones agridulces. Pienso en las paredes, mudas ahora, silenciosas como la calle. Las miro y pienso en lo que habrán visto y oído, en lo que nos contarían si pudiesen hablar.

LOSAS-DE-SAN-TELMO 0020LOSAS-DE-SAN-TELMO 0024

LOSAS-DE-SAN-TELMO 0022    Y así, de esa manera, descubrí hace muchos años unas curiosas inscripciones grabadas en los sillares de una de las paredes. Se trataba de un refuerzo de la pared del convento de San Telmo, junto a su antigua entrada principal, para cuya construcción se habían utilizado piedras procedentes de otras construcciones más antiguas, y eso que el convento se comenzó a construir allá por la década de los treinta, pero de los mil y quinientos...

 

LOSAS-DE-SAN-TELMO 0016

    Estaba ante losas sepulcrales de antiguos habitantes de mi ciudad. Ante los únicos vestigios de unas personas, donostiarras como yo, que me precedieron en esta preciosa población. Ya nadie se acuerda de ellos. Nadie sabe nada de sus vidas, de sus amores y desventuras. Desconocemos donde vivieron y donde reposaron sus cuerpos. Tampoco sabemos cuándo se profanó su eterno descanso, y que se hizo con sus pobres huesos.

 

LOSAS-DE-SAN-TELMO 0018 

   Pero las piedras nos hablan. Y cuando uno se para ante ellas, puede descubrir cosas de nuestro pasado. Así de esta manera, rozando suavemente con el índice, las cicatrices que sobre ellas realizó un cincel hace más de medio millar de años, uno va hilando letras que se convierten en palabras, y estas en nombres, como el de María José Phalarrar. Una mujer con curioso apellido, seguramente de origen gascón, como la mayoría de los donostiarras de finales de la Edad Media. Una mujer que no sabemos si murió joven, o anciana, si tuvo esposo, hijos... no sabemos nada de ella. Sólo gracias a esa losa su nombre, y tal vez incompleto, pero afortunadamente, leyendo estas líneas, la hemos hecho renacer, aunque sea solamente un poquito, desde la oscuridad del tiempo.

 

    Hola María José.

Fdo. José María Leclercq Sáiz

 

    P.D.En el año 2008 el historiador Fermín Muñoz Echabeguren publicó el libro titulado San Sebastián. Anecdotario Histórico. La plaza de la Trinidad y la calle Santa Corda, en el que también se menciona estas inscripciones. Lo recomiendo.

 

    P.D. Una amable lectora a la que agradezco su comentario, Anna Arregui, apostilla la posibilidad de que en lugar de ser Maria José Phalarrar... sea realmente María Josepha Larrar..... Creo que no va nada desencaminada, me parece muy acertada esta posibilidad, más incluso que la señalada en el libro de Muñoz Echabeguren que recojo en el artículo.

Gracias Anna.

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Sunday 22 december 2013 7 22 /12 /Dic /2013 18:46

¡Qué gozada!

 

        Un domingo por la mañana, muy temprano, en la Parte Vieja de San Sebastián. Respiraba y disfrutaba del frescor matinal. Solamente oía el retumbar de mis pisadas. Es lo bueno que tiene madrugar en una ciudad como la nuestra un día festivo. Mientras mis vecinos duermen o se desperezan en sus casas, la calle es para los sentidos.

 

        Mi imaginación también se había desperezado hacía tiempo, y comencé a pensar en las generaciones de donostiarras que habían visto desfilar las centenarias paredes que contemplaba durante mi paseo. Primero la calle 31 de Agosto, luego la esquina con la iglesia de San Vicente, y así, avanzando, comencé a ver la recta línea de la calle Narrica. Resguardé mis manos en los bolsillos. En invierno el fresco a veces se convierte en frio, y a los pocos metros me sucedió algo extrañísimo.

 

        Dejad que os lo cuente.

 

        Mis piernas, de forma inexplicable, se negaban a seguir avanzando. Mis pies cada vez pesaban más. Era como si algo me intentase retener. Me rendí, e interrumpí mi paseo. Me quedé quieto. Sólo en la calle... y comencé a observar a mi alrededor. Todos mis sentidos enfocaban un punto determinado. Un lugar concreto en una de las fachadas. Allí estaba el origen de las fuerzas que me retenían. Era algo extrañísimo, sin explicación, pero ese objeto, incrustado entre los viejos sillares, rodeado de grafitis, parecía que no quería que me alejara. Cedí y me dejé llevar. Me acerque a él entre sorprendido y algo temeroso.

 

FOTO ANT.        Comencé a observarlo, y fui consciente de las cientos, o incluso miles de veces, que había pasado ante él sin mirarlo, sin tan siquiera verlo. Su negra boca parecía tener muchos secretos que contarme, y mi curiosidad anhelaba conocerlos todos. Cerré los ojos, apoyé mi mano en él, noté que estaba frio... y me dejé llevar.

 

        De golpe, la oscuridad que originaban mis párpados cerrados comenzó a iluminarse. La calle aparecía nuevamente ante mí, a pesar de que seguía cerrando mis ojos con fuerza. Cada vez más fuerte. Lenta, pero ininterrumpida, todas sus formas se hacían cada vez más claras. Me fijé en el suelo y había cambiado. No eran las losas actuales, eran adoquines. Todo parecía más nuevo a la vez que antiguo. Antiguo pero no viejo. Empezaron a oírse voces, gritos de niños y ruidos. Muchos sonidos me parecían nuevos, desconocidos. Me vi rodeado de sombras que poco a poco se convirtieron en seres humanos, como yo, aunque vestidos de manera diferente. Al principio me asusté, e intenté abrir los ojos pero no pude. Sus ropas eran más oscuras, sus colores apagados, casi todas ellas raídas, con inequívocos síntomas de haber sido utilizadas largo tiempo. Ellos parecía que no me veían. Yo era invisible.

 

        Alguna que otra se acercaba a la pared que tenía al lado, e introducía algo en la oscura boca que parecía mirarme. Casi rozaban mi inmóvil mano. Me fije en los gestos de esos seres, en sus detalles. Algunos dejaban rápidamente la carta y desaparecían, alguna miraba el sobre, y antes de introducirlo, con ojos vidriosos, furtivamente lo besaba.

EL-BUZON 0229

        En efecto, como ya habrá adivinado el lector, se trataba de un buzón de correos. Un antiquísimo buzón, todo él hecho en mármol. Mi mano se escurrió, y nada más dejar de tocarlo, mis ojos se abrieron y volví a sentir el frio de la húmeda mañana. Las personas con ropas extrañas se convirtieron de nuevo en extrañas sombras, y estas se difuminaron hasta desaparecer. Los adoquines ya no estaban bajo mis pies, todo volvía a ser más familiar, más cotidiano.

 

        Regresé a casa, me hice un chocolate caliente, desayuno típico de las familias donostiarras desde esos tiempos en que, mi ciudad, progresaba gracias a la importación del cacao, allá por los mil setecientos. Con la taza en la mano fui a buscar entre mis estanterías un libro en concreto. No sé cómo, pero sabía cuál era. Me senté y lo abrí.

 

        Se trataba del titulado "El San Sebastián que fue" de Juan Mari Peña Santiago, y en sus páginas se explicaba el origen del desconocido buzón. Este llevaba allí desde principios del siglo XIX. Tras el incendio de nuestra ciudad por los "aliados" en 1813, cuando se reconstruyeron sus casas, en el número 22 de la calle Narrica se incrustó esta boca de correos seguramente en la década de 1820.  En este lugar se situaba la casa conocida como "Posta", al ser el lugar en  donde se  pasaba a retirar o a entregar el correo que nuestros antepasados dirigían al resto de España, o del mundo.

 

        Por ejemplo, a modo de curiosidad, se sabe que la diligencia que comunicaba nuestra ciudad con Madrid, y que era la encargada de transportar esas cartas, realizaba el trayecto normalmente acompañada de otros vehículos, buscando la protección del número ante la inseguridad del camino, lleno de peligrosos puntos, con bandoleros deseando desvalijar a los sufridos viajeros que en ellas se desplazaban. Los equipajes no estaban asegurados en caso de perderse al ser atacada la diligencia. El viaje hasta Madrid, hoy en día, nos ocupa escasamente cinco horas, en esos años, con suerte, no llegaba a los tres días. Con averías y mal tiempo, ni se sabe la fecha exacta de llegada, siempre y cuando, en el punto más peligroso, el Puerto de Descarga, no acabase todo de manera trágica en el fondo de algún acantilado.

 

        Pero volví a recordar el buzón...

EL-BUZON 0228

        Cuantos deseos, amores, tristezas, negocios, y así un largo etcétera, abran caído devorados por esa oscura ranura. Hoy, si introducís la mano, notaréis que no mantiene comunicación alguna con el interior de la casa. Ya no pasan por él, desde hace muchísimos años, los papales escritos por los donostiarras de otros tiempos. Los sobres, con sus sellos reflejando los rostros de Isabel II, del extranjero Amadeo, del triste Alfonso XII, hace tiempo que desaparecieron. La comunicación está cortada.

 

        No olvidemos este curioso objeto que ha llegado hasta nuestros días. Es un superviviente del pasado. Un testigo de nuestra pequeña historia cotidiana. De esa historia que emociona, la de los deseos, la de las esperanzas y sentimientos.

 

        Espero que este pequeño relato os haya gustado... y sirva para que no olvidéis que en la calle Narrica, todavía existe una ventana abierta hacia nuestro pasado.

 

        Fdo. José María Leclercq Sáiz

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ME PRESENTO

  • comedurasdetarro
  • PONIENDO ROSTROS
  • Mi Nombre: JOSÉ MARÍA LECLERCQ SÁIZ Arqueólogo por titulación, historiador por afición.

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COLABORACIONES CON MEDIOS

220px-Captain Sir George Ralph Collier

He sido invitado al programa "La Mecánica del Caracol" de Radio Euskadi, para aportar mi visión diferente del Asedio de San Sebastián de 1813 y del Cementerio de los Ingleses del Monte Urgull de la Capital donostiarra.

 

Aquí os dejo el enlace: (es a partir del minuto 26)

 

http://audios.ak.cdn.eitb.com/multimedia/audios/2013/09/05/1183446/20130905_17290709_0006216797_002_001_MECANICA_5_9.mp3?__utma=197087544.815877857.1378409429.1378409429.1378454323.2&__utmb=197087544.2.10.1378454323&__utmc=197087544&__utmx=-&__utmz=197087544.1378454323.2.2.utmcsr=eitb.com|utmccn=%28referral%29|utmcmd=referral|utmcct=/es/radio/radio-euskadi/programas/la-mecanica-del-caracol/&__utmv=-&__utmk=131552463

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